El esguince de tobillo es una lesión frecuente que se puede producir tanto en deportistas, como en la población común, en gestos tan sencillos como bajar un escalón o un simple tropiezo. Cuando se origina un esguince, lo que ocurre es que un ligamento que da estabilidad a la articulación se ve sometido a un estrés más allá de su amplitud de movimiento normal, provocando un sobreestiramiento en él, pudiendo provocar incluso su rotura parcial o total en lesiones más graves. Cuando este ligamento se estira de forma exagerada por un gesto inesperado, tanto dicho ligamento, como cápsula articular y tejidos cercanos comienzan a inflamarse, originando dolor y dificultad para andar.

Es cierto que hay deportes en los que el esguince de tobillo es una lesión más frecuente, como baloncesto o balonmano, tras una mala pisada después de un salto, pero la población general que ya ha sufrido episodios anteriores de esguince y no lo ha tratado correctamente, pertenece a esta población de mayor riesgo.

Siempre que sospechemos de haber sufrido un esguince, es importante descartar cualquier tipo de fractura que se haya podido producir con el mecanismo lesional.

¿Qué podemos hacer para prevenir esta lesión?

La primera medida que debemos tomar cuando nos “retorcemos” el tobillo es colocar hielo en la zona afectada lo antes posible, durante unos 15 minutos, para frenar en la medida de lo posible, el daño tisular que se pueda ocasionar. A nivel deportivo, existe el falso mito de no quitarse el calzado o incluso atarlo con mayor presión para evitar que el tobillo se inflame.

Una vez hecho esto, debemos acudir a un profesional para determinar el grado de afectación y conocer si existen daños más importantes asociados.

Una vez diagnosticados, es importante tratar esta lesión mediante fisioterapia, con el objetivo de regular los procesos inflamatorios, disminuir el dolor asociado a la necrosis tisular, mejorar la marcha y, sobre todo, y más importante, prevenir recidivas. Para ello, es muy importante la potenciación de la musculatura que estabiliza la articulación del tobillo, para que cuando se produzca esa “torcedura”, dicha musculatura se active y evite el sobreestiramiento del ligamento, así como el trabajo del equilibrio y propiocepción, habilidades que se ven afectadas al lesionarse un ligamento.

No es recomendable el uso de tobilleras por el mismo motivo que explicábamos en el post anterior sobre los arneses. (https://www.upreddd.es/2020/01/28/los-arneses-posturales-el-peligro-de-la-costumbre/) Sería conveniente andar de la forma más natural posible y sin ayudas para la marcha (muletas, bastones).

Por tanto, ¡No lo olvides! Si te haces un esguince no dudes en acudir a tu fisioterapeuta de confianza para que diagnostique la gravedad de la lesión, alivie tu sintomatología y te enseñe cómo puedes evitar un nuevo episodio.