Nuestro habitual modo de vida nos obliga con demasiada frecuencia a mantener posturas incorrectas que a la larga pueden derivar en debilidad muscular y compensaciones que acaben originando dolor. Demasiadas horas de pie atendiendo a los clientes, sentados en la oficina frente al ordenador, o inclinados hacia la cadena de montaje, conduciendo un vehículo o tomando notas de cualquier tipo. Nuestra espalda se resiente, nuestros hombros se echan hacia delante y el cuerpo, en su totalidad, se “encorva”.

Frente a esta situación, una solución muy socorrida pasa por la utilización de arneses posturales. Estas herramientas fuerzan a nuestro cuerpo a que tome una posición más natural, sin que nuestra musculatura tenga que hacer dicho esfuerzo por su cuenta.

Sin embargo, esta solución presenta un problema. Al ser el arnés el que fuerza la postura y no implicar a nuestros músculos en asumir dicha posición activamente, acostumbramos a nuestro cuerpo a que este agente externo realice el esfuerzo que deberíamos llevar a cabo nosotros. Análogamente a lo que sucede con las fajas, el peligro de la costumbre puede devenir en un aumento de la probabilidad de lesión en cualquier movimiento aparentemente banal, ya que el cuerpo no está debidamente fortalecido, al haberse “desentendido” de la tonificación gracias al (o, mejor dicho, por culpa del) arnés postural.

Por todo ello, nada como una buena visita a vuestro fisioterapeuta de confianza a tiempo, donde las mejores personas profesionales se encargarán de ayudaros no solo de tonificar vuestros músculos con el saber y la experiencia que les da su formación y su carrera, también os indicarán pequeños consejos y ejercicios que podréis llevar a cabo en casa o en la oficina, día a día, para que esos músculos contribuyan activamente a tener una postura correcta del cuerpo. Sin atrofias y sin malas posturas, es un ‘win-win’ de manual.