Existe la creencia de que cuando provocamos con o sin intención un crujido en una articulación de nuestro cuerpo, más frecuentes en la espalda o dedos de las manos, los huesos se colocan o que, incluso, si se realiza repetidas veces, se generará una degeneración o artrosis temprana. Esto no es verídico y os vamos a explicar qué es lo que ocurre cuando escuchamos el crujir de una articulación. Una articulación tiene cierto rango de movilidad activo, pero puede alcanzar una amplitud mayor con la ayuda de una fuerza externa, ya sea de un profesional o incluso de nosotros mismos. ¿Qué ocurre cuando alcanzamos este segundo rango? Existen pequeñas moléculas de gas dentro de la articulación que se encuentran disueltas en el líquido sinovial. En el momento en el que llegamos a ese rango máximo mediante una fuerza externa, todas estas moléculas se concentran provocando una implosión, lo que origina el sonido que conocemos como crujido. Esta reacción sólo se puede producir una vez, hasta que las moléculas se separan y vuelven a diluirse en el líquido sinovial. ¿Pero esto es bueno o es malo? Normalmente, cuando este sonido es provocado por nosotros mismos, no es beneficioso, ya que se necesita un impulso de una amplitud y dirección concretas para conseguir esta movilización. Lo que esto significa es que si somos capaces de conseguir esta reacción de forma demasiado sencilla es porque estamos movilizando no una articulación que se encuentra rígida (que es nuestro objetivo principal), sino una hipermóvil, que se mueve más de lo que es considerado como normal. ¿Qué ocurre con esto? Estamos dando una movilidad extra a aquella articulación que previamente ya tenía mucho movimiento, fomentando un desequilibrio entre articulaciones hipo e hipermóviles. A medio y largo plazo, estas articulaciones hipermóviles son más propensas a originar problemas, dolores y cambios degenerativos. Por ello, es importante que estas manipulaciones las realice un profesional capaz de testar qué articulaciones se encuentran hipomóviles, para restablecer el equilibrio del cuerpo. Artículo de Ester Olmedo, fisioterapia en UPREDDD.