Cuando estamos ante una rotura fibrilar, lo principal a la hora de realizar un tratamiento es contar con un diagnóstico correcto, que haya descartado otras patologías musculares más leves. A continuación mostramos algunas pautas generales a seguir en base al grado de lesión, pero existen además otros tratamientos especializados y personalizados para cada paciente.
  1. Fase aguda, destrucción
Durante las primeras horas tras la lesión habrá una reacción inflamatoria del propio músculo. El reposo es uno de los puntos más importantes para esta recuperación, así como la aplicación de hielo cada 2 horas durante 10-15 minutos. Mediante un vendaje de compresión nos ayudará a recuperar la zona.  Lo más difícil pero a la vez más importante para la recuperación, es la descarga, la zona debe estar sin apoyar o con la menor actividad posible.  
  1. Fase de reparación
Una vez reducida la inflamación, la aplicación de calor mejorará la condición trófica del músculo, facilitando el calentamiento de la zona previo al trabajo de movilización. El paciente podrá realizar estiramientos si se trata de una distinción que no llega al grado de rotura. Los masajes son otro de los puntos importantes en esta fase, con el empleo de técnicas poco agresivas, que  pueden resultar muy beneficiosas.
  1. Fase remodelación
Cuando sea necesario retomar la actividad, se incidirá en el fortalecimiento o potenciación muscular por medio de ejercicios, se comenzará con el trabajo excéntrico. También se deben de realizar estiramientos en la zona dañada y se puede aplicar de un vendaje funcional para así aumentar la seguridad en la actividad. El tiempo de recuperación varía desde los 20 días hasta los 3 meses dependiendo del grado de la lesión, el tratamiento recibido y de las características propias del paciente como la capacidad de regeneración, el tipo y tamaño de la rotura muscular o el tratamiento recibido.