En un artículo anterior hablamos de la escoliosis, para definir qué es esta patología y qué síntomas puede presentar en las personas afectadas. En este post vamos a centrarnos en cómo detectar la escoliosis y en las distintas posibilidades para su tratamiento. En muchas ocasiones la escoliosis se puede detectar simplemente con la postura. Examinando la posición de la cabeza, los hombros o caderas de la persona se puede determinar indicios de escoliosis si observamos alguna asimetría entre el lado izquierdo y derecho de nuestro cuerpo. Pero la observación no es un método fiable y siempre, ante indicios, hay que acudir a un especialista. El especialista evaluará físicamente nuestro cuerpo y realizará una radiografía, para ver la columna vertebral con detalle y determinar su grado de curvatura, normalmente teniendo como referencia el ángulo de Cobb. Respecto al tratamiento, en los casos más leves no será necesario, aunque sí se solicitará una nueva visita del paciente al especialista para controlar la progresión de la curvatura en su columna, especialmente en el caso de los niños. Sin embargo, en los casos en que la curvatura supera los 20 grados sí se recomienda un tratamiento. En ocasiones se utilizan sistemas ortopédicos, en función del tipo de curva, que contienen su evolución para que no empeore. También se utiliza el corsé, para combatir los signos de esta patología. La fisioterapia también es una herramienta que ayuda en el tratamiento los pacientes a minimizar la tensión en los músculos y tejidos que rodean la curvatura. Otros complementos para el tratamiento son los ejercicios de Pilates o los ejercicios de Klapp. En algunos casos la escoliosis requiere de una intervención quirúrgica, especialmente en curvaturas de más de 40 o 50 grados. En estos casos el tratamiento fisioterapéutico post-quirúrgico se convierte también en una herramienta clave para la rehabilitación del paciente.