La escoliosis es uno de los problemas más conocidos que afectan a la columna vertebral. Esta parte de nuestro cuerpo puede presentar curvas hacia el interior que son normales o fisiológicas, ubicadas en las regiones cervical y lumbar, pero cuando encontramos otro tipo de curvaturas estamos ante un problema de escoliosis.

En este tipo de patología, que se presenta de forma más frecuente en las zonas dorsal y lumbar, nuestra columna vertebral se torna, formando una “C” o incluso pueden surgir al mismo tiempo dos curvaturas, una superior y otra inferior, formando una “S”.

Existen además diferentes tipos de escoliosis, que se pueden clasificar según su causa, en escoliosis idiopática, congénita, neuromuscular o degenerativa; según la zona de desviación, en escoliosis dorsal, lumbar o dorsolumbar, o según el ángulo de Cobb, en escoliosis leve, moderada o severa.

A la hora de identificar la escoliosis, el signo más común es la curvatura visible dentro de nuestra columna. Si comparamos nuestros hombros o los lados de nuestra cadera, veremos que son irregulares, un lado será más superior o inferior, o estará más hacia la parte anterior o posterior de nuestro cuerpo que el otro lado. Además, si está curvatura progresa con el tiempo aparecerán otros síntomas como el dolor de espalda, el dolor de cabeza e incluso dificultad para respirar.

En los casos más graves, la escoliosis es fácil de identificar, porque la curvatura resulta evidente a simple vista, especialmente en casos en los que ésta pasa los 40 grados del ángulo de Cobb. El paciente verá afectada su movilidad normal y si la escoliosis es muy grave puede detectar problemas en el sistema cardiorrespiratorio.